No hace falta esperar a que vuestra relación esté al límite para empezar a cuidarla

¿Por qué esperamos tanto para pedir ayuda?

Hay algo que ocurre con frecuencia en terapia de pareja: muchas parejas no llegan cuando aparecen los primeros problemas, sino cuando sienten que ya no pueden seguir sosteniéndolos.

Quizá llevan meses, o incluso años, discutiendo por las mismas cosas. Han intentado hablarlo muchas veces, han prometido cambiar, han tenido algunas épocas mejores y otras peores. En algún momento incluso han pensado en acudir a terapia, pero siempre aparece algún motivo para esperar un poco más. «Ahora estamos con mucho trabajo», «cuando pasen estos meses», «a ver si conseguimos solucionarlo nosotros», «tampoco estamos tan mal».

Y así, casi sin darse cuenta, lo que comenzó siendo un problema concreto puede acabar convirtiéndose en una forma de relacionarse.

Porque las relaciones no suelen desgastarse de repente. El desgaste suele ser progresivo. Una discusión que no se repara, una necesidad que dejamos de expresar, una decepción que acumulamos, una conversación que evitamos porque sabemos cómo va a terminar. Después llega otra situación parecida y volvemos a responder de la misma manera. Y otra. Y otra.

El problema es que cuando una pareja lleva mucho tiempo utilizando una forma de relacionarse que no funciona, esa forma de relacionarse termina convirtiéndose en un patrón.

Uno reclama porque siente que el otro no le escucha. El otro se distancia porque siente que cualquier conversación termina en crítica. Cuanto más se distancia uno, más insiste el otro. Cuanto más insiste uno, más se distancia el otro. Y ambos terminan confirmando aquello que ya pensaban del otro: «no me entiende», «no le importa», «haga lo que haga, nada cambia».

No es que ninguno quiera necesariamente hacer daño. Muchas veces ambos están intentando protegerse, conseguir ser escuchados o conseguir algo que necesitan. Pero lo hacen utilizando estrategias que, aunque quizá tuvieron sentido en algún momento, ya no están ayudando a la relación.

Y cuanto más tiempo se repite ese ciclo, más difícil puede resultar salir de él.

Por eso es importante entender que el momento en el que una pareja pide ayuda puede influir en el propio proceso terapéutico. No es lo mismo trabajar con dos personas que detectan que están empezando a desconectarse y quieren aprender a relacionarse de otra manera, que hacerlo cuando llevan años acumulando resentimiento, decepción, desconfianza y heridas que todavía siguen abiertas.

Esto no significa que una pareja que llega después de mucho desgaste no pueda mejorar. Por supuesto que puede. La terapia puede ser útil incluso cuando la relación atraviesa los momentos muy difíciles. Pero cuanto más tiempo ha pasado una pareja atrapada en determinados patrones, más trabajo puede ser necesario para modificarlos y recuperar la confianza en que las cosas pueden funcionar de otra manera.

A veces esperamos porque todavía tenemos momentos buenos. Y esto también puede resultar confuso. Una pareja puede estar sufriendo y seguir queriéndose. Puede discutir muchísimo y, al mismo tiempo, reírse junta. Puede haber distancia y todavía existir deseo de recuperar la relación. Puede haber problemas importantes y pensar: «Bueno, tampoco estamos tan mal».

Pero no hace falta que una relación esté al borde de la ruptura para merecer atención.

De hecho, quizá uno de los mayores errores sea pensar que la terapia de pareja es únicamente para cuando todo se ha roto. La terapia también puede ser una forma de intervenir cuando todavía existe margen para cambiar las cosas antes de que el desgaste sea mayor.

Pedir ayuda no significa que vuestra relación haya fracasado. No significa que no sepáis quereros ni que no hayáis intentado solucionar las cosas por vosotros mismos. Significa reconocer algo mucho más sencillo y mucho más honesto: «Estamos intentando resolver esto, pero las herramientas que estamos utilizando no nos están funcionando».

Y eso también es cuidar una relación.

Porque pedir ayuda no tiene por qué ser el último recurso. Puede ser una decisión preventiva. Puede ser elegir detenerse antes de que la distancia sea todavía mayor, antes de que las discusiones se conviertan en la única forma de comunicación, antes de que uno de los dos empiece a desconectarse emocionalmente y antes de que el resentimiento ocupe demasiado espacio.

A veces esperamos a que aparezca una crisis para hacer algo que ya sabíamos que necesitábamos hacer. Y quizá no sea necesario.

Si lleváis tiempo pensando en acudir a terapia, no necesitáis esperar a estar seguros de que vuestra relación está «lo suficientemente mal». Tampoco necesitáis saber exactamente qué os pasa ni tener claro cómo solucionarlo.

Puede bastar con reconocer que hay algo que se está repitiendo y que solos no estáis consiguiendo cambiarlo. Porque la terapia no consiste únicamente en solucionar una crisis. También consiste en aprender a no seguir repitiendo aquello que os está llevando hasta ella.

Pedir ayuda no es rendirse. Es decidir que vuestra relación merece ser cuidada antes de llegar al límite.

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